Original:
In both these stories, people missed God’s gift. It was right there—they were so close! But they found other things more important. God offered the ultimate gift—eternal life through Christ’s living water. So what is this living water?
In talking with the Samaritan woman at the well, Jesus tells her “If you knew the gift of God and who it is that asks you for a drink, you would have asked him and he would have given you living water." (John 4:10)
Jesus continues, “Everyone who drinks this water will be thirsty again, but whoever drinks the water I give him will never thirst. Indeed, the water I give him will become in him a spring of water welling up to eternal life." (John 4:13-14)
How many times have we been like the first man? A devout and religious man, yet unwilling to give up his possessions—even for eternal life! Or like the Israelites who, after seeing firsthand the awesome miracles of God, became impatient. Seems silly, right? I mean, if God had opened the Red Sea for me to walk across, provided manna and quail from the sky and water from a rock, I’d be convinced, right? Yet we know these miracles, we know what God is capable of, and we still stray from Him.
Translated:
En los dos cuentos, la gente perdió el regalo de Dios. Es ahí en frente de ellos—eran tan cerca! Pero se encontraron cosas más importantes. Dios se ofrece el regalo mejor—la vida eternal por el agua que da vida de Cristo. Pero que es este aqua que da vida?
Cuando Jesús esta hablando con la mujer samaritana en el pozo, el le dijó, “Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.” (Juan 4:10)
Jesús sigue, “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.” (Juan 4:13-14)
¿Cuántas veces nos encontramos como el primer hombre? Un hombre devoto y religioso, pero no queire renunciar sus posesiones—aún para la vida eterna! O como los Israelitas quien, después de ver de primera mano los milagros increibles de Dios, llegaron a ser impacientes. Parece loco, ¿no? Si había mirado a Dios abrir el Mar Rojo para mí a caminar a través de, y me dió maná y codornices del cielo y el agua de una roca, yo sería convencido, ¿verdad? Pero, sabemos estos Milagros, sabemos que puede hacer Dios, y todavía nos desviamos de él.
En los dos relatos, la gente no entendió el regalo de Dios. Allí estaba– ¡estaban tan cerca! Pero encontraron otras cosas más importantes. Dios ofreció el mayor regalo– la vida eterna por medio del agua viviente de Cristo. Así que, ¿qué es ésta agua viviente?
Hablando con la mujer Samaritana que se encontraba en el pozo, Jesús le dice, "Si conocieras el regalo de Dios y a quién te pide un trago de agua, le hubieras preguntado y ël te hubiera dado agia vivente." (Juan 4:10) Jesus continúa, "Quien tome de ésta agua que yo le doy, jamás tendrá sed. Así pues, el agua que yo le daré se convertirá en él un manantial que brotará a la vida eterna. (Juan 4:13-14)
¿Cuántas veces hemos sido como el primer hombre? Un hombre devoto y religioso, pero no dispuesto a dejar sus posesiones– ¡aún para la vida eterna! O, como los Israelitas, quienes después de ver con sus propios ojos los milagros increíbles de Dios, se impacientaron. Suena tonto, ¿verdad? Quiero decir, si Dios hubiera partido el Mar Rojo para que yo pudiera pasarlo, si me hubiera proporcionado maná y codornices del cielo, y agua de una piedra, yo estaría convencido, ¿verdad? Sin embargo, sabemos de éstos milagros, sabemos de lo que es capáz Dios, y aún así nos desviamos de Él.